España fuera de la Unión EuropeaYa empezó a pasar lo que tenía que pasar. Los profesores y demás empleados de la Universidad, a quienes la revolución liberal redujo a funcionarios del Estado, sufren una reducción del 5% en sus salarios. Sólo es el principio. (En realidad, a comienzos de este curso el Gobierno ya había reducido en un 37% el presupuesto I+D, a la vez que subían los impuestos).

Evitemos la tentación de decir que muchos de ellos no merecían ni el escaso salario que cobraban. Peor están aquellos becarios de investigación cuya situación real es la de trabajadores precarios muy mal pagados (ahorro de dineros públicos para poder entregarlos a políticos, banqueros y saltimbanquis subvencionados). Evitemos también señalar que bien empleado les está a quienes o defendieron el infame «Espacio Europeo de Educación Superior» o callaron sabiendo el desastre que Bolonia suponía, o prepararon el terreno contribuyendo o aceptando la reducción de las licenciaturas de cinco a cuatro años y su equiparación –en perjuicio de los licenciados españoles– con los «bachelor degrees» extranjeros, que no llegan ni a una diplomatura española de las antiguas. Evitemos incluso recordar que quienes acatan sin rechistar la actual jerga de «grados» y «másters» quizá no deberían dar clase ni en una escuela primaria.

No sin cierta ingenuidad expresaba este problema una carta al director del diario El Mundo, publicada el 6 de mayo último:

Universitarios sin proyección europea

Sr. Director:

A raíz de mis numerosas estancias académicas en distintas universidades extranjeras, me he dado cuenta de la mala situación que vivimos los universitarios en España por la falta de reconocimiento.

Un licenciado español generalmente ha cursado unos 300 créditos ECTS. Si se quiere homologar el título en el extranjero, lo equiparan a un bachelor degree, el mismo grado que le reconocerían a un diplomado (180 ECTS). Es decir, quien haya cursado estudios superiores habrá desperdiciado dos años y mucho trabajo.

Dependiendo de en qué país europeo, un bachelor ha cursado entre 180 y 240 créditos. El primer caso se daría por ejemplo en Dinamarca o Suecia, donde tras estudiar tres años se suele cursar un máster que dura otros dos. En total, cinco años estudiando antes de incorporarse al mercado laboral y con un nivel de máster. El segundo caso sería el de Inglaterra, donde estudian bachelors de cuatro años y máster de uno, que al fin y al cabo es lo mismo: nivel máster tras 300 ECTS y cinco años estudiando.

El licenciado español, estudiando el mismo número de años, debe conformarse con nivel bachelor, detalle que le cierra la puerta de entrada a importantes empresas internacionales que exigen como mínimo un nivel máster.

He hablado con el Ministerio de Educación y otros organismos y no he tenido respuesta coherente. Después de muchas charlas sobre el tema con amigos de numerosos países, he llegado a la conclusión de que el motivo de todo esto es que en España, por tradición, el hacer un máster es una cosa exclusiva y cara.

Una vez homogeneizado el sistema educativo universitario con el Plan de Bolonia, los italianos, alemanes, holandeses, todos, han equiparado sus títulos de tres años a los bachelors y los dos siguientes a los máster. Es decir, sistemas casi exactos al nuestro han optado por decir que sus licenciados tienen nivel máster mientras que nosotros, los españoles… los desgraciados de Europa. Una Europa que nos cierra las puertas para los trabajos, porque tenemos un gobierno incompetente y una pésima gestión del proceso de homogeneización. Daniel Yáñez. Sevilla.

El autor de esta carta muestra cierta ingenuidad, decíamos. Aunque también puede deberse a la necesaria brevedad de una carta al director: habla de «homogeneización» cuando, como bien sabemos en Salamanca, nunca los programas han sido más dispares, caprichosos e improvisados que tras la «bolonización». Da por bueno el estúpido barbarismo «máster», cuando en puridad la maestría universitaria significa exactamente lo mismo que la licenciatura española. No insiste en uno de los aspectos más insultantes de la situación que denuncia: que desde hace veinte años, en España se da la consideración de licenciatura –incluso a efectos de oposiciones y de méritos– a los ínfimos «bachelor degrees» extranjeros. O sea: un sujeto en posesión de un título británico, por ejemplo, que no llega ni a una buena diplomatura de las de antes, puede en esta Ex-paña pertenecer al fantasmagórico «colegio de doctores y licenciados» y optar a puestos en la administración reservados a titulados superiores.

Ahora se anuncia que los «grados» van a constar de menos créditos que las licenciaturas: 240, concretamente. Un parche ridículo más en el constante deterioro de la enseñanza superior española. Que, con lo mal que estaba, estaba seguramente mejor que la europea.

Quizá la reducción de salarios y presupuesto haga recapacitar a quienes actualmente controlan la Universidad. O quizá no.  Cuando un nuevo rector de la Universidad de Salamanca «promete» su cargo, en plan laicista pero sin pasarse, oiga, sin Crucifijo pero sobre unos Evangelios (con Biblia y sin Cristo, como en una película gringa… ¡Nuestra Universidad, que nació teológica e inquisitorial, convertida en un esperpento protestante! ¡Como la ex Pontificia!) o inaugura cursos de pervertidos, degenerados, mutilados y hormonados (LGBT, los llaman) que incluyen «talleres prácticos» y dan créditos, uno puede perder la esperanza.

Pero no la perdemos. La esperanza para la Universidad, como para España, es librarse de Europa, de sus pompas y de sus obras. Además empieza a ser urgente, como decía ayer un despacho de la agencia FARO:

Nos convierten en protectorado

Madrid, 13 mayo 2010. Incluso el liberal director del Instituto de Estudios Económicos (IEE), Juan Iranzo, admite que con las medidas económicas que acaba de anunciar el Gobierno (de ocupación) presidido por Rodríguez Zapatero, España se ha convertido en «un protectorado» de la Unión Europea. Disparatadas unas, necesarias pero a destiempo otras, no van acompañadas de limitaciones al salvaje sistema bancario (al contrario: el único acuerdo público de Mariano Rajoy y el Presidente del Gobierno ha sido el de acelerar la destrucción de las cajas de ahorros mediante su fusión, proceso del que FARO se ha ocupado varias veces, y que terminará en su entrega a la banca privada) ni de la reducción del derroche autonómico y «cultural». Se anula el «cheque bebé», pero se continúa subvencionando al terrorismo abortista… Suma y sigue. La derecha liberal, ora estúpida, ora traidora, aplaude con poco disimulo dichas medidas: ellos también están a las órdenes de Bruselas y del capitalismo sin rostro.

Don Sixto Enrique de Borbón adolescente

Don Sixto Enrique de Borbón adolescente, cuando era presidente de honor de la AET

Estas últimas medidas representan, en suma, un nuevo autogolpe de Estado. Subversión e invasión, saqueo de España y de los españoles, desde Bruselas y desde La Moncloa, con la complacencia de La Zarzuela, que sigue haciendo caja, y la bendición de Washington D.C.

Es necesaria la salida inmediata de España de la Unión Europea y la sustitución del euro por una moneda nacional. Es necesaria la abrogación de la nefasta Constitución de 1978. Y es necesario el fin de la farsa política que nos lleva a la disolución, a la ruina definitiva y a la tercermundización. Es necesario, en suma, que el poder retorne a quien le corresponde: a Don Sixto Enrique de Borbón, nuestra última esperanza.