Parece que hoy lunes viene a Salamanca la consorte oficial de Juan Carlos, Sofía de Schleswig-Holstein-Sonderburgo-Glucksburgo (quien de tarde en tarde se deja ver por España) a entregar el premio de poesía iberoamericana que lleva por mal nombre el suyo, y encima llamándola «reina». El pasteleo tendrá lugar, si Dios no lo remedia, a las siete de la tarde en el Paraninfo.

En el montaje de la sucesión de Franco y la Transición, a Sofía le adjudicaron el papel de la culta de la familia: un mito a la altura de la fidelidad conyugal de Juan Carlos, la masculinidad de su hijo Felipe o la dulzura y estabilidad de la consorte de éste, Letizia. La verdad resultó ser que la cultura literaria de Sofía era de best-seller, la musical de «clásicos pop», y su amor a la cultura española, el mismo de Francis Drake. A ella lo que le va, como a su madre y su hermana, es el ocultismo cutre y las reuniones de los financieros que oprimen al mundo. Eso sí, todo sufragado por el Estado español.

Un premio que lleve el nombre de esa señora, mancha. Mancha a la Universidad de Salamanca, y mancha a quien lo recibe. Así que no vamos a poner el nombre de la poetisa agraciada con el de este año.

Sofía, como hemos dicho en alguna otra ocasión refiriéndonos a su familia, representa a los usurpadores que estuvieron a punto de extinguir a la Universidad de Salamanca, y la condenaron a malvivir, siempre amenazada por la desaparición, hasta que empezara su relativa e incompleta recuperación, más de un siglo más tarde, en la década de 1940. Representa también a los eurócratas y a los grandes financieros que están detrás de eso que llaman proceso de Bolonia.

En época de recortes, más les valdría a la Universidad y al Patrimonio Nacional no tirar el dinero en premios a mayor gloria de personas que son enemigos de la Universidad y parásitos del Patrimonio Nacional.

Contra usurpaciones, simulaciones y falsificaciones: Monarquía real ya.

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