Nos llaman a la huelga general este jueves 29 de marzo. Contra la llamada reforma laboral del Gobierno (de ocupación) de España, presidido por Zapatero, perdón, por Rajoy. (Sólo los distinguimos por la barba). ¿Hay motivos para una huelga general? Por supuesto que sí. Para una huelga general contrarrevolucionaria: hay motivos para asaltar el Congreso de los Diputados, el Senado, los palacios de la Moncloa y de la Zarzuela, la Bolsa, las oficinas del Consejo de Europa, las de la CEOE y las sedes centrales de los bancos. Y, por supuesto, las sedes de los partidos políticos y las de los sindicatos mal llamados mayoritarios.

Ah, pero resulta que esos sindicatos mal llamados mayoritarios ¡son los que convocan la huelga! U.G.T., CC.OO. y sus comparsas. Unos sindicatos que aparecen constantemente en el Boletín Oficial del Estado por las enormes cantidades de dinero público que los sucesivos gobiernos les regalan. Un enjambre de «liberados» y otros parásitos, dóciles servidores de la gran patronal, que imitan y hasta superan a ésta haciendo contratos basura (sí, tienen empleados, y muchos; probablemente más que afiliados) o directamente teniendo empleados sin contrato; practicando el despido improcedente (para lo cual la «reforma laboral» actual les viene de perlas); fingiendo cursos y servicios inexistentes para cobrar por ellos; y un largo etcétera de prácticas irregulares, desvergonzadas, mafiosas, extorsionadoras.

Llaman a la huelga también a los universitarios. Sobradas razones tenemos. Pero el equivalente académico de la criminal «reforma laboral» en curso ha sido el «Plan Bolonia». Al cual asintieron (fuera de protestas con la boca pequeña) tanto esos sindicatos «mayoritarios» como las «asociaciones representativas» (ja, ja, ja) que les sirven de correa de transmisión en la Universidad.

Haremos huelga, sí. Empezaremos quemando banderas de la Unión Europea. Y cuando la hagamos, se van a enterar de lo que son, verdaderamente, los «piquetes informativos». Pero otro día; el 29, no.

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